LOS DOS HOMBRES SE HALLABAN SENTADOS JUNTO A LA VENTANA CONTEMPLANDO EL deprimente paisaje que les mostraban sus tristes ojos. Al parecer denotaban cansancio, ya que permanecieron toda la noche en vela.
-¿que hay?- preguntó el primero
-nada. Simplemente admirando el mundo y su completa ruina.
-¿que hora es?- volvió a preguntar el primer hombre
-deben ser como las seis de la mañana- respondió el segundo seguro de su respuesta, a pesar de no tener un reloj.
Era verdad. El mundo estaba completamente destruido. Todos los sucesos que generaron la decadencia de la tierra habían puesto a esos dos hombres a pensar con calma todo lo que el planeta tuvo que pasar para llegar a estas últimas instancias. Pensaron en la tercera guerra mundial, el calentamiento global y de las invasiones alienígenas que sometieron a la humanidad a un periodo de esclavitud. En ese momento el segundo hombre se incorporó en su asiento y reflexionó un momento:
-tal vez todo lo que le pasó a este planeta puede ser que en realidad así se lo merecía
-¿tu crees?- preguntó el otro hombre como admitiendo la triste realidad
-es posible. El ser humano fue artífice de su propia destrucción y no hizo nada para evitarlo. Todo por su maldito afán de poder y riquezas. La codicia se apoderó de su ser y desencadenó todos estos sucesos desagradables. Todas las maldades de las que fue partícipe, además de las guerras mundiales de las que creyó salir victorioso sin contar el número de víctimas mortales que generaron estos flagelos.
-ya no importa- replicó el primer hombre con lástima- lo hecho, hecho está.
Los dos hombres guardaron silencio por un instante. Francis Riverton, el primero, concentro su mirada hacia la destruida ciudad. Alto, delgado, pero con una fuerza suficiente como para levantar 4 toneladas de roca cada treinta minutos en su trabajo de búsqueda y rescate de la guardia nacional. Vestía una casaca gris, que es el uniforme de la guardia nacional y botas café. Su apariencia denotaba tristeza y pobreza de espíritu, pero aún se aferraba a una esperanza utópica.
Mientras que su amigo, Zachary Overton, una persona con un temperamento calmado pero con una furia interna que daría miedo hasta el más fuerte de la galaxia y sus músculos de acero (así lo llamaba Francis) que mataban un toroide de un golpe de su poderoso puño. Vestía mameluco azul, camisa roja y botas negras. De su ancha cintura se aferraba un cinturón con una arma dostovei, calibre 50, el arma pequeña mas poderosa que ha existido hasta entonces. Era miembro de las fuerzas especiales intergalácticas compañía Omicrón y ha combatido miles de especies extraterrestres en todo el universo y las ha derrotado, pero nunca logró vencer la amenaza mas grande de su vida: la tristeza de un mundo destruido y peor aún: el suyo propio. Ahora solo vive de sus propios recuerdos.
Corría el año 2198 desde la última invasión extraterrestre al planeta. El mundo, aún recuperándose de las crisis en que la tercera guerra mundial y el calentamiento global los dejó, resistió valientemente durante 5 años los repetidos ataques de la colonia reguliana, liderados por el general Umbreon Tenebris. Pero la caída inminente de La Tierra dejo inermes a los líderes mundiales que, al no querer presenciar la derrota optaron por el suicidio. Horas después, el general Tenebris hizo un discurso a todo el mundo imponiendo la esclavitud en todo el planeta. Los seres humanos fueron convertidos en esclavos y permanecieron así durante 100 años. Para ese entonces, los rebeldes decidieron realizar un ataque final a la fortaleza voladora del general Tenebris, con resultados exitosos pero con bajas humanas considerables. El general Tenebris se dio entonces a la huida y la tierra volvió a recuperarse para los humanos. Entonces se empezó a hacer un saldo de la devastación: Japón, China, Estados Unidos, 90% de África y 70% de Europa y América Latina fueron destruidas, saldo: 4.532.328.212 muertos, así que la población total disminuyó en un 70%. Muerte, destrucción y pobreza se veían por todas partes.
Se creía que era el final. Hasta que una transmisión que llegó del espacio los colocó en ascuas nuevamente. El general Tenebris, enfurecido, advirtió que regresaría pero para arrasar definitivamente con la raza humana. Por esta razón se abrió un proyecto para restablecer la tecnología de la tierra a razón de 20 años para prepararse ante el inminente ataque de los regulianos. El experimento se realizó en una ciudad seleccionada escondida de la superficie, casi al centro del planeta, de esa forma nadie la encontraría y la tecnología se desarrollaría sin problemas.
-¿aún crees que hay algo mejor para nosotros?- preguntó Zachary a su amigo.
-tengo fe- dijo Francis –la humanidad ha sufrido mucho por sus males y creo que se merece otra oportunidad.
-tienes razón, amigo- afirmó Zachary pensando en el caótico sistema que contemplaba desde la ventana.
De nuevo dejaron de hablar. Entraron en un estado de sopor. El sueño ya los estaba consumiendo.
-hemos estado despiertos toda la noche- afirmo Zachary –ya no aguanto mas, me voy a dormir. ¿Vienes?
-al rato, compañero- dijo Francis a su amigo- tengo cosas pendientes por hacer
-de acuerdo, como sea nos veremos luego... creo.
-está bien- sonrió Francis.
Ahora Francis se encontraba solo contemplando el sucio y frío entorno. Volvió a meditar sobre todos los acontecimientos de los últimos tiempos con sus respectivas consecuencias. Inició una retrospectiva en su cabeza y se vio una vez más cuando era niño. Casi podía palpar esos momentos; se vio a si mismo jugando con una pelota con sus padres y su hermana mayor. Tal era la realidad creada en su mente que se sintió feliz en ese instante y casi pudo tocar a la familia que una vez tuvo y que la guerra había separado para siempre. En ese preciso momento, bajaron naves espaciales y comenzaron a atacar todo el vecindario donde el se encontraba. Las personas corrían de un lado a otro despavoridas y de pronto una nave reguliana dispara su plasma cañón hacia donde se encontraba Francis y su familia “¡¡¡mamá!!! ¡¡¡Papá!!! ¡¡¡¡Hermana!!!” gritaba pero ya era demasiado tarde. En el momento final como queriendo evitar tal tragedia, Francis despierta empapado en sudor y lágrimas. “es solo un sueño” pensó. Tardó mucho darse cuenta de que se había quedado dormido y estaba soñando. Trató de pensar en el sueño pero no pudo encontrar el recuerdo. “que extraño” volvió a pensar “¿que habrá sucedido?” “¿Habrá salvación para nosotros?”. En ese momento sonó el teléfono. Será la llamada más importante de su vida que haya recibido.
-¿Si? Habla Francis.
Hubo silencio del otro lado de la línea.
-¿Hola?-Francis comenzaba a impacientarse.
De pronto, hablo una voz del otro lado:
-Soy el doctor Cástulus. Necesitamos que se reporte de inmediato a los cuarteles generales del ejército terrestre. Usted ha sido seleccionado para una misión muy importante. Es por el bien de la humanidad.
-¿Pero que rayos está pasando aquí?-preguntó Francis asombrado, ya que no era militar y nunca lo seria, por las opiniones que este tenia del ejercito.
-se le contará con detalles de la misión cuando se reporte- continuó la voz-tiene un plazo de 48 horas. Hasta entonces, no saldrá de la ciudad, ni hablará con nadie. ¿Queda claro?
-está bien-respondió Francis con abatimiento-cumpliré con la misión.
Dicho esto, colgó. Ahora Francis tenía un sudor frío recorriéndole la espalda. Era obvio: estaba asustado. “Tal vez me quieran pedir una asesoría por los montacargas” pensó. Pero esa voz sonó demasiado seria como para pedir asesoría por algo tan trivial. Trató de dormir, pero no pudo, pensando en la misión que le asignaría el ejército terrestre y como podía llevarla a cabo. Después de mucho meditar se quedó dormido, con la esperanza de contarle a su amigo lo que ocurrió y esperando su aprobación.
Seis horas después, Francis se incorpora en el sofá-cama y empieza a recordar los sucesos. “tengo que contarle a Zachary” pensó. Al llegar a la habitación de su amigo, lo encuentra mirando la televisión. Se detuvo y lo pensó mejor: “no, mejor no. Iré yo solo”. Se dirigió al baño, se duchó y se cambió de ropa, pero volvió a vestir su casaca gris de la guardia nacional y se marchó.
Al caminar por la calle se dio cuenta de que tan decaído estaba el mundo. Edificios, casas y calles se encontraban en la ruina, como en obra negra. El humo y el hollín de las calles que en un tiempo fueran de alquitrán se respiraban en el aire. La vegetación era casi nula y estaba a punto de extinguirse todas las especies de gatos y perros de ciudad. Pensando en todo eso, iba Francis caminando por la calle, cuando lo interceptaron tres sujetos. Eran hombres de apariencia extraña y daban la sensación de que podían terminar de destruirlo todo. Uno de ellos puso una harkimer, calibre 31 en su sien y le susurró:
-Entre al auto. De lo contrario morirá y no respondemos.
Francis estaba absorto. El miedo volvió a nublar su mente. Comenzó a tartamudear y gesticuló algo pero el hombre del arma lo interrumpió:
-¡Cállese! ¡Entre al auto, ahora!
Después de eso, no supo nada más porque el hombre del arma le propinó un culatazo y lo dejó inconsciente. Los otros dos hombres se subieron en la parte delantera del auto y arrancaron el motor. Lo demás fue silencio en la calle.
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